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  • Foto del escritorMaykel Oporta

Depresión en padres de niños con trastorno del espectro autista


Es muy común hablar y empoderarse sobre Autismo, día a día nos enfocamos en gran cantidad en los niños y niñas con Trastorno del Espectro Autista, y si está muy bien; pero muy pocas veces recordamos el impacto que tiene el diagnostico en los padres o la familia del menor.


Siempre que preguntamos a una madre o padre de un niño sobre cómo se sientes, escuchamos que cansados o sobre todo están dando lo mejor para que su hijo o hija salga adelante, difícilmente hablan del impacto emocional que han sufrido y al que están sometidos, sus pensamientos y sentimientos constantes de culpabilidad, su temor al futuro, su ansiedad, entre otros factores son los principales desencadenantes de un efecto colateral en los padres, la depresión.


La depresión se ha vuelto en un factor silencioso que acompaña a una gran cantidad de padres de hijos con TEA, la desilusión a “lo esperado en un hijo”, la incertidumbre, la dificultad de expresar su cansancio, su temor, de hablar con otras personas, de querer un espacio y otras tantas dificultades agudizan los sentimientos de tristeza y ansiedad que día a día –por la falta de intervención- exacerban en el estado psíquico de los padres.


Los padres tienden a experimentar en primera instancia un duelo ante el diagnóstico, esa dificultad de no estar de acuerdo con ese diagnóstico es la base de los futuros problemas emocionales, sentimientos de culpa – en algunas ocasiones rechazo – tristeza extrema, dificultades de sueño como insomnio, descuido de la apariencia física y personal, desgaste laboral por estrés excesivo, desregulación del apetito, cambios drásticos de humos y sobre todo reducción de las actividades específicamente sociales.

Todas estas manifestaciones coinciden creando un caos interno que se expresa en la manera en que se involucra en el proceso de atención del menor, por tanto, se convierte en un ciclo de frustraciones de nunca acabar.


Por ello, es imprescindible y altamente recomendable reconocer que tanto padres como familia requieren de apoyo psicológico para gestionar sus emociones, adquirir herramientas y habilidades que faciliten el proceso de aceptación y adaptación, esto repercutirá enormemente en el estilo terapéutico y de atención del menor con TEA.

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